ayahuasca curandera mexico veracruz

En el mundo de las plantas maestras, nada es fijo. Todo tiene vida, presencia y conciencia. Pero lo más fascinante es cómo la manera en que nosotros percibimos a estas medicinas —su rostro, su edad, su energía— influye directamente en la forma en que actúan dentro de nosotros.

Uno de mis maestros compartió conmigo una observación profunda:
en Perú, la Ayahuasca es vista como una joven curandera, vivaz, ágil, de movimientos rápidos y precisión luminosa. Su sanación es veloz, como una danza que entra en el cuerpo limpiando y ordenando con determinación.

En cambio, en México, se le conoce como la Abuelita Ayahuasca: una mujer sabia de edad avanzada, que camina despacio, que enseña con paciencia, que espera que el alma esté lista para recibir.

Ambas miradas son válidas y sagradas. Pero hay algo esencial en esta diferencia:

La imagen que le damos al espíritu condiciona su movimiento.
El observador influye en el resultado.

Cuando vemos a la planta como joven, nos abrimos a una medicina dinámica, transformadora, rápida.
Cuando la vemos como anciana, convocamos una energía más lenta, reflexiva, profundamente simbólica.

No se trata de cuál es “mejor”, sino de reconocer que nuestra conciencia moldea la experiencia.
La planta es espejo. La medicina responde a lo que creemos posible.

Entonces, te pregunto con respeto:
🌱 ¿Desde qué arquetipo estás recibiendo la medicina?
🌱 ¿Qué forma le estás dando al espíritu que te guía?
🌱 ¿Y qué pasaría si cambiaras esa forma por otra más ligera, más libre, más abierta?

Tal vez, al mirar con nuevos ojos, la medicina también elija mostrarse con un nuevo rostro.

Join the conversation