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Ayahuasca Poderosa. Medicina de la Selva.

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ALGO DE LUZ EN ESTE CAMINO DE APRENDIZAJE

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Ayahuasca Poderosa. Medicina de la Selva.

Todos hablan de los beneficios.
De las visiones. De las sanaciones. De las transformaciones.
Pero pocos hablan de los límites.
Y eso es peligroso.
Porque la medicina tiene contraindicaciones.
No es para todos. No es para todo momento.
Si tomas ciertos medicamentos psiquiátricos, no puedes tomar ayahuasca.
El riesgo de síndrome serotoninérgico es real.
Y puede ser mortal.
Si tienes esquizofrenia o trastorno bipolar, la medicina puede desestabilizarte.
No porque sea mala, sino porque tu sistema nervioso necesita otro tipo de trabajo.
Si estás embarazada, no es el momento.
Si acabas de salir de una crisis psicótica, no es el momento.
Si tu vida está completamente caótica y no tienes red de apoyo, quizás no es el momento.
Pero nadie quiere hablar de esto.
Porque vende más decir que la medicina es para todos.
Que sana todo. Que todos deberían probarla.
Pero no.
Reconocer tus límites es un acto de consciencia.
Es madurez.
Noche con Ayahuasquita de la selva amazónica peruana. Noche de liberación energética con las plantas curanderas de la Pachamamita en Metepec, Estado de México.
La mente quiere controlar todo.
Incluso tu sanación.
Vas a ceremonia con una agenda:
"Voy a trabajar esto." "Quiero sanar aquello." "Necesito entender esto otro."
Y bebes la medicina esperando que siga tu plan.
Pero la medicina tiene otros planes.
Y ahí empieza la lucha.
La mente intenta dirigir la experiencia.
"Enfócate en las visiones." "No pierdas el hilo." "Recuerda lo que viniste a trabajar."
Pero cuanto más intentas controlar,
más resistencia encuentras.
Porque la sanación no funciona según tu agenda.
Funciona según lo que necesitas.
Y a veces lo que necesitas no es lo que planeaste.
Controlar es miedo.
Miedo a lo desconocido. Miedo a perder el rumbo. Miedo a que pase algo que no sabes manejar.
Entrega es confianza.
La sanación no es cómoda.
Si fuera cómoda, ya estarías sanado.
La incomodidad es parte del proceso.
No un efecto secundario.
Es el proceso mismo.
Cuando evitas la incomodidad, evitas sanar.
Porque sanar significa tocar lo que duele.
Mirar lo que has evitado. Sentir lo que has reprimido. Soltar lo que te da seguridad falsa.
Y todo eso incomoda.
Por eso huimos.
Nos medicamos. Nos distraemos. Nos mantenemos ocupados.
Lo que sea con tal de no sentir esa incomodidad profunda.
Pero la medicina no te deja huir.
Te sienta en medio de la incomodidad.
Y te dice: "Quédate aquí. Respira. No escapes."
Y al principio es insoportable.
Quieres que pare. Quieres salir corriendo. Quieres que alguien te rescate.
Pero si te quedas,
si respiras a través de la incomodidad sin intentar cambiarla,
algo empieza a moverse.
El Curandero
Reciprocidad sagrada
Vas a ceremonia buscando respuestas.
"¿Cuál es mi propósito?" "¿Qué debo hacer con mi vida?" "¿Cómo sano esto?"
Y la medicina no te da respuestas.
Te da preguntas.
Más profundas. Más incómodas.
"¿Por qué necesitas un propósito definido?" "¿De qué estás huyendo?" "¿Realmente quieres sanar o solo quieres dejar de sentir?"
Y sales de la ceremonia más confundido que cuando entraste.
Y piensas que algo salió mal.
Pero no.
La sabiduría que incomoda es más valiosa que la que tranquiliza.
Porque las respuestas fáciles te mantienen dormido.
Las preguntas profundas te obligan a despertar.
La mente quiere certeza.
Quiere un plan claro. Un instructivo paso a paso.
Pero la vida no funciona así.
Y la medicina lo sabe.
Así que en lugar de darte el mapa,
te enseña a navegar sin él.
Tu mente puede olvidar.
Puede reprimir. Puede racionalizar. Puede convencerse de que "ya pasó".
Pero el cuerpo no olvida.
Guarda cada trauma. Cada emoción no procesada. Cada momento en que no fue seguro sentir.
Y lo almacena.
En la tensión de los hombros. En el nudo del estómago. En el dolor crónico que ningún médico puede explicar.
Por eso en procesos profundos, el cuerpo habla.
A veces tiembla sin razón aparente.
No porque tengas frío.
Porque está liberando energía atrapada de hace años.
A veces lloras sin saber por qué.
No porque estés triste ahora.
Porque el cuerpo recuerda la tristeza que nunca pudiste llorar.
A veces tu garganta se cierra.
No porque no puedas respirar.
Porque ahí guardaste todas las palabras que no dijiste.
Esto se llama memoria corporal.
Un cantito y a seguir con la ayahuasquita.
Ceremonia con plantas maestras en Querétaro, una noche de liberación, reconciliación y entendimiento con la más chula de las plantas curanderas.
Nadie está "perfectamente listo" para la medicina.
Si esperaras a estar completamente preparado, nunca irías.
Porque estar listo no es haber resuelto todos tus problemas.
No es tener tu vida en orden. No es haber sanado todo antes.
Estar listo es madurez emocional.
Es la capacidad de sostener lo que surja sin colapsar completamente.
Es tener algo de estabilidad en tu vida para que el proceso no te desarme del todo.
Es estar dispuesto a mirar sin necesidad de tener todas las respuestas.
Hay diferencia entre estar listo y estar curioso.
La curiosidad dice: "Quiero saber cómo se siente." "Escuché que es increíble." "Todos hablan de esto."
Estar listo dice: "Necesito entender algo de mí." "Hay algo que debo soltar." "Estoy dispuesto a enfrentar lo que sea."
La curiosidad busca experiencia.
Estar listo busca transformación.
Y la medicina nota la diferencia.
El miedo aparece antes de todo proceso importante.
Y la primera reacción es querer eliminarlo.
"No debería tener miedo." "Si tuviera miedo, no iría." "El miedo significa que no estoy listo."
Pero el miedo no es tu enemigo.
Es tu guardián.
Aparece porque algo importante está por suceder.
Porque estás a punto de cruzar un umbral que cambiará algo en ti.
Y el miedo pregunta:
"¿Estás seguro?" "¿De verdad quieres ver lo que hay del otro lado?" "¿Estás preparado para lo que esto implica?"
No son preguntas para detenerte.
Son preguntas para que entres consciente.
El miedo que aparece antes de una ceremonia no es cobardía.
Es lucidez.