La decisión de trabajar con grupos pequeños no es una limitación logística. Es una posición sobre qué tipo de trabajo quiero hacer y qué tipo de acompañamiento es posible según el número de personas en el círculo.
Lo que vi en grupos grandes
Cuando estaba aprendiendo a guiar, los grupos tenían mínimo veinte personas por sesión. Desde afuera eso puede parecer eficiente —más personas, más alcance. Desde adentro es otra cosa.
Lo que observaba es que las personas eran un número, no un proceso. No había interés real en el acompañamiento individual ni en el seguimiento posterior. Las personas llegaban, tomaban la medicina, vivían lo que vivían —a veces bien, a veces muy mal— y se iban. Sin que nadie supiera realmente cómo habían estado ni qué habían cargado en esa noche.
También veía algo que con el tiempo entendí mejor: personas que se ponían muy mal al punto de querer irse de la sesión. Eso tiene dos causas principales. Una es la falta de filtro sobre quién puede acceder —sin una conversación previa real, llegan personas para quienes ese no es el momento adecuado. La otra es que el guía no tomaba la medicina con el grupo. Cuando el guía está sobrio y el círculo está en proceso, hay una distancia que afecta la calidad del acompañamiento.
Lo que hace posible el grupo pequeño
Con un grupo pequeño puedo aprender el nombre de cada persona. Eso suena trivial pero no lo es. Soy malo para los nombres —me cuesta. Por eso me lo propongo activamente. Aprenderme el nombre es el primer paso de interesarme por la historia y el proceso de quien está en el círculo.
Durante la noche, puedo cantarle directamente a quien está en el momento más intenso de su proceso. Puedo contenerlos. Puedo estar presente con lo que ocurre en cada persona, no solo gestionar el espacio en general.
Y después de la ceremonia, cuando alguien me escribe con una duda sobre su proceso —semanas o meses después— recuerdo quiénes son y lo que trabajamos esa noche. No porque tenga una memoria prodigiosa sino porque el número pequeño hace posible esa presencia.
Lo que se pierde si el grupo es demasiado grande
La ayahuasca no es un evento. No es algo que se administra en masa y se deja correr. Es un proceso que requiere presencia real del guía con cada persona. Eso tiene un límite físico y atencional que no es negociable.
Prefiero hacer más fechas con menos personas que comprometer la calidad de lo que puedo ofrecer. Esa decisión tiene un costo económico. Pero el tipo de trabajo que quiero hacer no es compatible con el otro modelo.
¿Estás considerando participar?
El primer paso es escribirme
No para reservar — para conversar. Antes de confirmar tu lugar en una ceremonia necesito conocer algo de tu contexto. También tengo una guía de preparación gratuita si quieres empezar a entender qué implica el proceso.
