Llegué a la ayahuasca porque estaba en una depresión de la que no podía salir. Había perdido a un bebé y eso me mandó al hoyo. Intenté de todo —terapias holísticas, distintos enfoques, distintas personas. Me ayudaron a no estar tan mal. Pero ninguna me sacó de la depresión.
Eso fue lo que me llevó a la medicina.
Lo que tomó cuatro o cinco ceremonias
No fue una noche. Fueron cuatro o cinco sesiones para poder liberar e integrar esa pérdida. Cada vez algo se movía, algo se abría un poco más. Y en algún punto de ese proceso entendí algo que no se puede entender solo intelectualmente: que esa herida no iba a desaparecer. Que lo que podía hacer era aprender a honrarla.
Eso es diferente a sanarla en el sentido de que deje de doler. Es aprender a cargarla de otra forma. A que la pérdida sea parte de lo que soy sin que me defina por lo que falta.
Lo que entendí sobre este trabajo
De ese proceso salió algo que orienta cómo trabajo hoy. Lo que logro sanar dentro de mí —pérdidas, creencias que me limitaban, patrones que se repetían— crea algo parecido a un anticuerpo. Una comprensión de ese territorio que no viene de haber leído sobre él sino de haberlo transitado.
Eso es lo que puedo compartir con las personas que llegan a ceremonia. No una teoría sobre el duelo o el miedo o la depresión. Sino una presencia que conoce ese territorio porque lo caminó.
Eso también genera un compromiso que no es abstracto: si lo que he vivido me da algo que puedo ofrecer a otros, entonces tengo responsabilidad de seguir trabajando en mí mismo. No para ser perfecto —sino para que lo que traigo al círculo siga siendo honesto y útil. El guía que deja de trabajar en sí mismo empieza a acompañar desde un lugar que se va vaciando.
Lo que la medicina sigue mostrándome
Llevar año y medio guiando no significa que ya lo sé todo. La medicina sigue trabajando conmigo. En cada ceremonia que guío hay algo que observo en mí —en mi canto, en mi contención, en cómo manejo lo que no esperaba— que me dice dónde estoy y qué sigue.
Eso no es una debilidad del guía. Es la condición del trabajo honesto. El día que crea que ya llegué es probablemente el día que deje de ser útil para alguien.
¿Estás considerando participar?
El primer paso es escribirme
No para reservar — para conversar. Antes de confirmar tu lugar en una ceremonia necesito conocer algo de tu contexto. También tengo una guía de preparación gratuita si quieres empezar a entender qué implica el proceso.
