Lo que nadie te dice sobre las experiencias difíciles en ceremonia

· Jorge Domínguez

Experiencias difíciles en ceremonia con ayahuasca

Las noches más difíciles en ceremonia son frecuentemente las más valiosas. Eso no se puede saber antes de vivirlas. Lo que sí se puede saber es que la dificultad no es una señal de que algo salió mal.

Qué hace una experiencia difícil

Intensidad física: náuseas prolongadas, purga que no llega, sensación de calor o frío extremos, taquicardia. Intensidad emocional: miedo, tristeza profunda, culpa, vergüenza, material que no quería ser visto. Intensidad perceptual: visiones aterradoras, sensación de disolución, pérdida del sentido del tiempo.

Cualquier combinación de esas cosas en una noche puede parecer insoportable cuando se está adentro. Lo que la mayoría de las personas reporta al día siguiente es que fue exactamente lo que necesitaban.

Por qué ocurren

La ayahuasca no muestra lo que es agradable de ver — muestra lo que necesita ser visto. Lo que cargamos con más peso es lo que aparece con más intensidad. Una experiencia difícil generalmente señala que la medicina encontró algo que llevaba tiempo esperando ser procesado.

También puede ocurrir por resistencia. La mente que intenta controlar el proceso, que evalúa y juzga lo que está ocurriendo, que quiere que la experiencia sea diferente de lo que es — esa mente prolonga y amplifica la dificultad.

Lo que hacer cuando llega

Respirar. Soltar el intento de controlar. No hablar — la verbalización en los momentos más intensos generalmente saca de la experiencia sin completarla. Si el miedo es muy intenso, hay una cosa que en mi experiencia siempre ayuda: decirle internamente a lo que aparece que está bien que esté ahí.

No estás solo en esa noche. Si algo se pone muy difícil, lo veo y trabajo con eso — desde el canto, desde la presencia, desde el acompañamiento directo si es necesario. El círculo sostiene lo que aparezca.

El día siguiente

La mayoría de las personas que atravesaron una noche muy difícil reportan al día siguiente una claridad y un alivio que no tenían antes. Algo que cargaban — sin nombre a veces, solo como peso — ya no está. El costo de esa liberación fue la noche difícil. Retrospectivamente, casi nadie la cambiaría.


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