El miedo antes de la primera ceremonia con ayahuasca

· Jorge Domínguez

El miedo antes de la primera ceremonia con ayahuasca es casi universal. Llega de diferentes formas pero en el fondo se reduce a dos cosas. Ambas vale la pena nombrar antes de llegar.

El miedo a no regresar

El más común que escucho en las conversaciones previas: quedarse en el viaje. Que los efectos sean permanentes. Que algo se rompa en la mente y no se pueda volver a la realidad como se la conoce.

Ese miedo viene de algún lugar —generalmente de películas, de historias que circulan sobre personas que “se quedaron” con alguna sustancia, de una confusión entre la ayahuasca y otras experiencias psicoactivas sin contexto ni preparación. Es un miedo comprensible. Y es un miedo que no corresponde a cómo funciona la medicina en un contexto ceremonial bien llevado.

La ayahuasca tiene un arco. Abre, trabaja, cierra. Los efectos duran entre cuatro y ocho horas. No se quedan. Lo que sí puede quedar —y eso es diferente— es algo que la medicina mostró y que requiere ser procesado después. Eso no es quedarse atrapado. Es tener trabajo pendiente.

Si el miedo a no regresar es muy intenso en los días previos, vale la pena revisarlo antes de la ceremonia —no para descartarlo sino para entender qué hay detrás. A veces ese miedo apunta a algo que la persona teme encontrar adentro, más que al mecanismo de la planta en sí.

El miedo a lo que hay adentro

El segundo miedo es más honesto y más útil: miedo a lo que se van a encontrar en su interior. Deformaciones, calaveras, cosas oscuras. Y sí —eso puede aparecer. No en todas las personas ni en todas las ceremonias, pero aparece.

Lo que la medicina muestra no es arbitrario. Muestra lo que la persona carga. Y muchas veces lo que carga es exactamente lo que más ha evitado ver. La oscuridad que aparece en las visiones no es una amenaza externa —es el propio material no procesado presentándose de una forma que no puede ignorarse.

La tendencia natural es buscar evitar ese contenido, mirar hacia otro lado, pedir que pare. En ceremonia, ese movimiento de evasión generalmente intensifica lo que se quiere evitar. Lo que funciona —y es más fácil decirlo que hacerlo— es dejar que aparezca. Mirarlo. En la mayoría de los casos, cuando la persona deja de huir de lo que ve, el contenido cambia.

Lo que el miedo te está diciendo

El miedo antes de una ceremonia tiene información. Casi siempre apunta a lo que la medicina va a tocar de todas formas. En ese sentido, el miedo no es una señal de que no deberías ir —es una señal de lo que vas a encontrar cuando llegues.

Lo que sí importa es la diferencia entre miedo con información y miedo que indica que este no es el momento. Hay personas para quienes la ceremonia no es adecuada en un momento particular de su proceso —no porque el miedo sea demasiado grande sino porque el contexto de vida no ofrece el sostén necesario para integrar lo que puede abrirse.

Por eso la conversación previa no es un trámite. Es el espacio donde revisamos juntos si este es el momento y cómo llegar preparado para lo que viene.


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