Cómo llegué a guiar ceremonias con ayahuasca

· Jorge Domínguez

No hay una sola razón por la que empecé a guiar ceremonias con ayahuasca. Hay un conjunto de cosas que se fueron alineando, algunas por privilegio y otras por decisión.

El punto de partida

Mi mamá tenía un centro holístico. Eso significa que desde joven tuve acceso a formaciones alternativas —meditación, trabajo corporal, distintos enfoques de desarrollo personal— sin que me costara un peso. He sido muy privilegiado en ese sentido. Tenía un repertorio amplio antes de conocer la ayahuasca.

Cuando llegué a la medicina, lo primero que pensé fue: esto es aplicar todo lo que he aprendido en una sala de urgencias. Con casos complicados. Con personas en estados donde tienes que traer todo lo que sabes y también improvisar. Esa imagen —la sala de urgencias— sigue siendo la más honesta que tengo sobre lo que ocurre en una ceremonia.

Aprender y decidir que no era suficiente

Aprendí en un espacio que trabaja en muchas ciudades de México con grupos grandes —mínimo veinte personas por sesión. Un modelo que tiene su lógica pero que no era compatible con el tipo de trabajo que quería hacer.

Con el tiempo entendí que en ese lugar siempre iba a ser el hijo —el eterno aprendiz bajo la sombra de algo más grande. Y no me conformé con ese papel. No por ego sino porque había algo que quería explorar que ese marco no permitía.

Salí. Fui a ver cómo trabajaban en otros espacios. Y encontré que muchos lugares ocupaban la misma ayahuasca —preparada por alguien en Perú. Eso me llevó a ir directamente a la fuente. A aprender de las plantas maestras en el lugar donde tienen raíz.

Los miedos antes del primer círculo

Antes de dar mis primeras ceremonias propias, el miedo principal era cómo llevar al grupo. Cómo sostener lo que pudiera aparecer. Si tendría lo suficiente para acompañar lo que la medicina abriera en las personas.

Lo que aprendí es que ese miedo no desaparece —se vuelve más específico. Ya no temo no saber qué hacer en general. Temo situaciones concretas que todavía no he encontrado y que sé que voy a encontrar. Eso me parece más honesto que la confianza que no está respaldada por experiencia.

Con cada ceremonia mejoro en el canto, en la contención, en cómo manejar lo que no estaba planeado. No digo que ya lo sé todo. Justo por eso sigo buscando qué mejorar —en Pucallpa con maestros shipibo, en cada noche que guío, en cada conversación previa con quien viene a trabajar.

Este camino no tiene punto de llegada. Tiene dirección.


¿Estás considerando participar?

El primer paso es escribirme

No para reservar — para conversar. Antes de confirmar tu lugar en una ceremonia necesito conocer algo de tu contexto. También tengo una guía de preparación gratuita si quieres empezar a entender qué implica el proceso.